Vivir con diabetes: ¿Quién puede ponerse en tus zapatos?

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Como ponerse en el lugar del otro

Estos días estuve viendo expresiones en las redes sociales, acerca de lo que sienten muchas personas que viven con diabetes respecto a sus luchas diarias, y como son percibidas y juzgadas en su entorno, por personas que no padecen la enfermedad. Entonces me puse a pensar, tratando de obtener una mejor comprensión de esos sentimientos, y como desentrañarlos para poder asumir una actitud que resulte positiva.

En otras palabras, pensar ¿Como hace una persona sin diabetes para caminar unos cuantos pasos en nuestros zapatos? Creo que cada cual tiene una perspectiva «única» cuando se trata este tema en particular, que viene marcada por su contexto e historia personal.

La psicología define la empatía como capacidad de trasponer el propio yo y sus estados (sentimientos, aspiraciones) a los objetos del medio ambiente para poder ponerse en su situación o comprenderlos mejor; el mundo la resume en una simple frase: “ponerse en los zapatos del otro”.

 

Vivir con diabetes: la historia personal

Soy el único con Diabetes tipo 1 en mi familia. No había nadie en mi generación o en generaciones anteriores con diabetes tipo 1. Esto es común en las personas con éste tipo de diabetes, ya que es de origen auto-inmune, pero no así en personas con Diabetes tipo 2 donde, generalmente, hay antecedentes familiares, incluso en la misma generación.

En cualquier caso, nadie en mi familia sabia lo que era vivir con diabetes tipo 1 antes de que me diagnosticaran. Sin embargo, la diabetes tipo 2 estaba absolutamente presente en la generación de mis abuelos y en la generación de mis padres. Antes de mi diagnostico sabia de la diabetes en algunas de mis tías, de tipo 2 claro.
 
vivir con diabetes
 
En toda la familia siempre se sintió la lucha contra la diabetes tipo 2 , y la angustia y depresión que trae aparejadas. Además, de ver a mis tías adaptarse a vivir bien con la enfermedad, a tomar sus medicamentos según las indicaciones medicas, hacerse las pruebas de laboratorio necesarias, y controlar su alimentación.
 

Como perciben los demás lo que es vivir con diabetes?

Esto pasa en muchas familias y en la sociedad, lo que lleva a pensar que la diabetes tipo 2 lo es todo, y no tener en cuanta lo muy diferentes que son, en varios aspectos, la diabetes tipo 1 y tipo 2. No se percibe el estricto control que requiere la diabetes tipo 1 desde su inicio, con aplicaciones de insulina y restricción alimentaria en cuanto a cantidades (sabiendo que no hay alimentos prohibidos), debiendo contar carbohidratos. Más aún para los que son diagnosticados a muy temprana edad, por lo que significan los dulces para los niños, teniendo en cuenta la cultura de consumo en la que estamos inmersos, que nos bombardea con publicidad a cada instante.

Y como contracara el autoconocimiento que muchos logramos, gracias a que las frecuentes mediciones de glucemia nos «enseñan» que cosas producen en nosotros altos y bajos, y ni que hablar de los síntomas que nos indican que se nos presenta una hipoglucemia.

Por eso más de una vez nos irritamos con comentarios o consejos, a la ligera, sobre que debemos comer o que no, o peor aún cuando nos dicen que eso nos pasó por comer muchas cosas dulces.

Luego de respirar profundamente, dicho todo esto, y a riesgo de parecer contradictorio, por haber mirado de frente a ambos tipos de diabetes y su control, es en éste punto, el control de la glucemia, donde creo que no somos tan diferentes. Creo que muchas de nuestras luchas, en el equilibrio de los alimentos, el ejercicio, y como nuestra «medicación» (recordar que la insulina no es un medicamento, es una hormona liberada por el páncreas sano) debe ser sincronizada, y que muchas de nuestras victorias diarias son las mismas. Todos luchamos, todos ganamos y perdemos a diario.

Podemos saber entonces, que cada uno de nosotros estamos transitando nuestro propio camino, sin duda, pero también que nuestros zapatos pueden ser los mismos, y el camino enfrente tiene obstáculos similares, y el viento, la lluvia, y el frío golpean directamente sobre nosotros en igual medida.
 

Las personas que no tienen diabetes

Ahora bien, volviendo al principio, pensemos como puede una persona sin diabetes, con sus problemáticas particulares, «ponerse en nuestros zapatos». La empatía no es algo que brota de las paredes, en muchas ocasiones las personas preferimos pensar en cosas agradables, ya que empatizar con los problemas y necesidades de los demás generalmente suele ser doloroso (aunque también se empatiza con las alegrías, si bien aquí hay que vencer a veces el obstáculo de la envidia), y de éste modo, nuestra mente se desvía del mapa del pensar y sentir del otro, para focalizarse en otras cosas menos dolorosas. En general nuestra sociedad huye del dolor y de las problemáticas, salvo si son rentables ó morbosas, que entonces nos mete hasta en la sopa… pero eso, mostrarnos constantemente sumergidos en nuestra enfermedad, lejos de generar empatía, acaba generando lo contrario, hartazgo por saturación.

Incluso nosotros caemos habitualmente en la trampa del pesimismo. Vemos los problemas y necesidades ajenos con pesimismo, con “aflicción personal” (es sentirse igual de mal o peor que el otro), lo cual nos incapacita para ayudar de verdad, es más, nos conduce a empeorar la situación. También el pesimismo es un escudo racional armado a base de frases y sentencias como: “no hay nada que hacer”, “esto ya no hay quien lo arregle”, “que drama”, “vaya desgracia más terrible”… ¿Le suenan familiares éstas frases? En la cueva del pesimismo todo es oscuro, y las palabras terribles resuenan y se repiten una y otra vez con eco interior.

Creo, y esto es una opinión personal, que la mejor actitud que podemos tomar, para comenzar, es dejar de etiquetarnos como «diabeticos». Diabetico es una palabra tan negativa y horrible… Vivir con diabetes es superar desafíos a cada paso, y saber como transformar esas adversidades en fortalezas es el secreto para que tengamos una vida plena.

La diabetes no nos define, es una particularidad en nuestras vidas, pero no es lo único. Estar todo el tiempo haciendo hincapié en eso, lo que menos va a lograr es que las personas que no la padecen sientan empatía hacia nosotros. Tenemos que ser valientes, luchar y mantener a raya a la enfermedad, no ensimismarnos, y ayudar también a los demás en cuanto podamos. Si nosotros no somos capaces de ver el mundo a nuestro alrededor, ¿Quien podrá acaso ver el nuestro y brindarnos una mano?.

Me gustaría que comenten y compartan su opinión y sus experiencias personales. Saludos
 

Fuentes de información: prosocialia.org y mi opinión personal.

 

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